Una casa mejor

Un viejo predicador, secretamente había temido siempre a la muerte, por lo que carecía del poder alentador para consolar a aquellos que afrontaban el paso a la eternidad.

Un día se mudó de aquel sitio en que había ejercido el pastor por tan largo tiempo. Pero cuando todos sus bienes habían sido cargados en el camión, se detuvo por algunos momentos en aquel lugar donde sus hijos habían nacido y donde había disfrutado tantas horas benditas de comunión con el Señor. Justamente entonces, una amistad que les había ayudado a empaquetar, se le acercó, y poniendo su mano sobre su hombro, le dijo: “Pastor, venga con nosotros; su nueva casa es mejor que ésta”.

El hombre no lo sabía en aquel momento, pero había predicado un poderoso sermón a su amigo. Aquellas palabras hicieron ver al predicador que su hogar en el cielo sería mucho mejor y superior al de este mundo. Después de lo cual, el pastor perdió el miedo de morir.

Ciertamente, ahora mismo el Señor está preparando un lugar para cada uno de sus hijos, ¡en aquellas mansiones eternas! Aunque no podemos llegar a comprender la grandeza y maravilla de ello, no tenemos por qué temer a la muerte, porque nuestro “nuevo hogar” será mucho mejor de lo que esta tierra pueda ofrecernos.

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