El clavador de maderas

Cuenta la historia de un hombre cuya vida transcurría entre madera, clavos y martillo, que, sin ser carpintero, pasaba sus horas de trabajo metiendo clavos a las maderas, construyendo cajones o tarimas para maquinaria de exportación.

Se le había hecho tan rutinaria esta labor a este hombre, que en los últimos tiempos trabajaba mal, enojado y ya demostraba, de último, ira descontrolada y hasta odio a su cotidiana tarea.

Él secretamente quería y aspiraba ascender en su labor. Uno de esos días, hubo un llamado a aspirante encargado, anotándose a concursar por el cargo, pero curiosamente el puesto le fue dado a otro compañero.

Se enfureció de tal forma, levantando su brazo, y al bajarlo con furia para golpear su mesada de trabajo, no vio un madero que tenia un gran clavo de punta arriba, el que atravesó su palma de lado a lado. No se dio cuenta si el dolor que sintió en ese momento fue mayor al de no ser promovido. Su vida cambiaría radicalmente a partir de ese momento.

Al curarse la herida, se encontraría con otro problema, la pérdida de fuerza y la atrofia de no poder cerrar su puño, lo que le valió la pérdida de su trabajo.

Como rayo de luz, vino a su mente la imagen de alguien que como él no sólo una mano tiene herida y las mismas atrofias, sino las dos manos.

Pensó para sí: Talvez Jesús muchas veces ha querido dejar llenar su corazón de ira y cerrar sus puños para golpearme con fuerza, por mis necedades, rebeliones, como desobediencias, pero esa imposibilidad es la que me recuerda el sacrificio que hizo por mí.

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