¿Quién impide tu crecimiento?

Una empresa estaba en una difícil situación, las ventas iban mal, los trabajadores y colaboradores estaban desanimados y la situación financiera del negocio era extremadamente crítica. Era preciso hacer algo para revertir la situación.

Nadie quería asumir responsabilidades. Por el contrario, el personal sentía el desamparo y la rápida extinción de la empresa. Ellos consideraban que alguien debía tomar la iniciativa para revertir la situación.

Un día, cuando los funcionarios y los trabajadores llegaron al trabajo, encontraron en la portería un cartel que decía: «El día de ayer falleció la persona que impedía el crecimiento de nuestra empresa. Usted está invitado a participar en el velorio, en el área deportiva.»

Todos sintieron tristeza ante la muerte de un compañero, pero a la vez tuvieron curiosidad por la persona que frenaba el crecimiento de la empresa.

La agitación en el área de deportes era muy grande por lo que fue preciso llamar a seguridad para organizar a los asistentes. A medida que las personas se aproximaban al féretro, la ansiedad aumentaba. Se preguntaban: «¿Quién será el que entorpecía el progreso de nuestra empresa?»

Uno a uno, se aproximaban deseosos de conocer al personaje en cuestión. Pero al acercarse al féretro quedaban pasmados y en absoluto silencio, no lo podían creer, jamás hubiesen imaginado lo que había dentro… ¡Había un espejo! En él se reflejaba la cara de cada uno de los que lo miraban y leían la inscripción bajo el espejo: «Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TÚ MISMO!»

Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida. Tú eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y tú eres la única persona que se puede ayudar a sí mismo.

Tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian, cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia. Tu vida cambia, cuando tú cambias. Eres el único responsable por ella. Examínate… Y no te dejes vencer.

El mundo es como un espejo, que devuelve a cada persona el reflejo de sus propios pensamientos. La manera como tú encaras la vida es lo que hace la diferencia.

Si permites que Dios transforme tu corazón, las derrotas se convertirán en triunfos y las frustraciones en éxitos. Él guiará tu vida y jamás tendrás que depender de tus propios instintos.

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