De la ayuda

Mauro Salles me contó la siguiente historia real: Un diputado fue a contarle a Tancredo Neves que uno de sus asesores lo criticaba constantemente. Y Tancredo respondió: «¿Pero como? ¡Si aún no lo ayudé!»

Todos ya experimentamos la ingratitud. Tancredo trató el asunto con buen humor y sabiduría; otros pierden la confianza en el ser humano, y dejan de hacer cualquier cosa por los otros.

¿Ayuda saber que esto no pasa solamente con usted? Espero que sí. Porque las personas ingratas no pueden modelar nuestro comportamiento. Ellas no tienen el poder de definir nuestro carácter. Dios, cuya opinión, en el fondo, es la única que cuenta, jamás fue ingrato con nosotros. Vamos a aferrarnos a esto; vamos a continuar intentando comportarnos de la manera que deseamos.

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