El valor de la Amistad

Las hermanas de Lázaro no encuentran mejor título que el de la amistad para solicitar la presencia del Señor: Tu amigo está enfermo (Juan 11, 3) le mandan decir. Es el mejor argumento que tienen a mano.

Jesús buscó y facilitó la amistad a todos aquellos que encontró por los caminos de Palestina. Aprovechaba siempre el diálogo para llegar al fondo de las almas y llenarlas de amor. Jesucristo es el amigo que nunca traiciona, está siempre disponible, Él ayuda, anima y consuela en toda ocasión.

La amistad con el Señor, que nace y se acrecienta en la oración y en la digna recepción de los sacramentos, nos hace entender mejor el significado de la amistad humana que la Sagrada Escritura califica como un tesoro: Un amigo fiel es poderoso protector; el que lo encuentra halla un tesoro. Nada vale tanto como un amigo fiel; su precio es incalculable. (Eclesiastés 6, 14).

El Señor, con frecuencia, tiene en cuenta la amistad como medio para darse a conocer. Los primeros que le conocieron fueron a comunicar esta buena nueva a quienes amaban; Andrés trajo a Pedro, su hermano; Felipe, a su amigo Natanael. El Señor espera a nuestros amigos. Con paciencia y constancia, sin prisa, sin pausa, por medio de nuestra amistad, se irán acercando a Él. La amistad todo lo puede con la ayuda de la gracia.

Hoy es un buen día para preguntarnos si nuestros amigos se sienten movidos por nuestro ejemplo y nuestra palabra a estar más cerca del Señor.

Tomado de la Colección «Hablar con Dios», por Francisco Fernández Carvajal

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