Amigos «en oferta»

Recuerdo una simpática oración que me enviaron en que comparan la amistad a una mercancía que podemos ofrecer. La oración dice así: «Señor, ayúdame a ser un amigo ‘en oferta'».

Con esto quiero decir, deja que aquellos que busquen amistad en mí, obtengan más de lo que habían esperado.

Que lo que me den en amistad, Señor, siempre lo tenga presente para tratar de darles aún más.

Deja que siempre estén complacidos con la medida que han recibido de mí. Y recuérdame que nunca ponga mi pulgar en la balanza cuando peso mi amor ante ellos.

Deja que yo ponga siempre algo extra, un placer inesperado, en las horas que pasan conmigo.

Deja que yo les ofrezca mi mejor servicio y el crédito más amplio, que mantenga las puertas siempre abiertas; que mis pensamientos y palabras, que son mi mercancía, estén siempre frescos y disponibles; que si mis amigos buscan comprensión en mí, no la encuentren agotada; que si buscan compañía en mí, nunca se encuentren que es de baja calidad; que nunca se encuentren con que mi amistad está fuera de su presupuesto, o que ésta es todo lo que pueden comprar.

Recuérdame que nunca los decepcione con falsos anuncios de mí mismo.

Por eso, ayúdame a ser un amigo «en oferta», por siempre, Señor.

Y si entonces encuentro que he dado más de lo que he recibido en pago, no debe importarme la «quiebra de mi negocio».

En ocasiones la amistad la condicionamos a lo que recibimos o esperamos recibir, pero esa amistad se vuelve entonces interesada o, como se dice, convenienciera.

Hemos de recordar que cuando damos sin esperar nada a cambio, manifestamos un amor sincero. En el Evangelio, nuestro Señor Jesucristo nos aconseja no preocuparnos por invitar a quien nos pueda regresar el favor, sino más bien «Cuando des un banquete, convida a los pobres, a los cojos y a los ciegos. Y serás feliz porque ellos no tienen cómo retribuirte, sino que serás retribuido en la Resurrección de los justos» (Lc 14, 13-14).

Demos más de lo que esperan, seamos esos amigos «en oferta», y además de hacer felices a los demás, lo seremos nosotros mismos.

José Martínez Colín

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