No se preocupe

Hace muchos años, George Gardiner estaba sosteniendo reuniones de evangelización en una comunidad, y Dios los bendecía. En ese momento, sus únicos ingresos provenían de sus compromisos de prédicas. Con una esposa y dos hijos que mantener, y varias cuentas sin pagar, el señor Gardiner estaba confiando en Dios para hacer frente a sus necesidades.

En el servicio final, el líder anunció que la totalidad de la ofrenda entera sería entregada al invitado como un regalo de amor. Se pasaron las bandejas y la gente dio generosamente. Después de la reunión uno de los diáconos mostró con entusiasmo al predicador el total en la cinta del contómetro; pero cuando el encargado le dio el cheque, era por la mitad de la ofrenda.

De nuevo en el hotel, el sueño eludía los ojos del predicador. Pasaban las horas: 12… 1… 2 de la madrugada. Desesperado, cogió la Biblia que tenía junto a su cama y comenzó a leer justo allí donde se abrió. Las palabras del Salmo 37 le golpearon con toda su fuerza: «No te impacientes. Confía en el Señor. Los malignos serán destruidos.» Cerrando la Biblia, oró: «Señor, ¡qué necio he sido! Perdóname. Mantén despierto al otro hombre… ¡Yo voy a dormir!»

La victoria llegó, y en las siguientes semanas, Dios proveyó abundantemente para todas sus necesidades económicas.

¿Se está quejando y furioso porque alguien le ha hecho daño? ¿El resentimiento o alguna pequeña irritación se han enconado dentro de su alma? Dígale a Dios al respecto. Admita su necia preocupación, y pídale a Él que le ayude a tranquilizarse. No deje que otra persona le robe su paz. Después de todo, ¡él es el que tiene razón para estar dando vueltas!

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