En los brazos de nuestro Padre celestial

Cierto día, un padre de familia entró en su casa con un paquete para su esposa. Primero saludó a su hijita, Minnie, que era paralítica, y le preguntó dónde estaba su madre. Cuando le dijo que estaba arriba, le dijo a Minnie:

– Tengo un paquete para ella.

– Oh, déjame que yo le lleve el paquete a Mamá -dijo Minnie.

Con dulzura, le recordó a su preciosa hija que ni siquiera podía trasladarse por sí sola. ¿Cómo podría llevarle el paquete a su madre?

Minnie admitió que su papá tenía razón, ella no podía trasladarse por sus propios medios. Pero insistió en que podía llevarle el paquete a su madre:

– Papá… tú me das el paquete y yo lo llevo, y tú me llevas a mí.

Le dio el paquete a su hija, tomó a la pequeña en sus brazos y la llevó por las escaleras hasta donde estaba su madre.

Mientras llevaba a Minnie, él volvió a entender algo muy importante acerca de su relación con Dios. Durante los últimos días él había estado llevando una carga bastante pesada, pero ¡qué maravilloso era recordar que Dios lo había estado cargando a él!

«De esta misma manera es que usted y yo con frecuencia sentimos el peso de cargas muy pesadas, porque en ocasiones olvidamos que mientras las llevamos, nuestro Padre celestial nos lleva a nosotros». Y nuestro Padre es un refugio fuerte.

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