Alguien digno de imitar

El funeral del abuelo de Madison fue uno de los mayores vistos en la ciudad. Más de quinientas personas asistieron a la iglesia para el servicio fúnebre. Amigos del abuelo que lo conocían desde la niñez, vecinos, personas que trabajaron con él, amigos más jóvenes, comerciantes, hermanos, sus hijos y sus nietos, todos fueron a celebrar la vida que el vivió. ¡Madison no tenía idea de que a su abuelo lo conocían tantas personas!

– Hoy estamos aquí para despedir a un amigo muy querido -dijo el ministro cuando comenzó el servicio-. La buena noticia es que en realidad no es un adiós, sino un hasta luego, Floyd, porque sabemos que Floyd está en el cielo con nuestro Señor y sabemos que lo volveremos a ver cuando todos estemos allí.

Cuando el ministro terminó de hablar, varios parientes y amigos del abuelo se acercaron a contarle a Madison lo especial que él había sido. Le contaron historia tras historia de los tiempos en que él les había prestado dinero, o cómo les había ayudado a sacar la nieve de sus caminos, a hacer arrancar sus autos, llevándolos al aeropuerto, consolándolos cuando fallecían sus seres amados. Parecía que durante toda su vida nada había detenido al abuelo para mostrar el amor de Dios a los otros.

– Lo mejor que puedo decir de mi papá -agregó el papá de Madison-, es que soy una mejor persona porque mi papá fue cariñoso, compasivo, honesto y sabía perdonar, y yo siempre quise ser como él.

– Papá, ¿sabes qué? -dijo Madison cuando terminó el servicio- Después de escuchar a toda esa gente diciendo esas cosas tan buenas del abuelo, he decidido que yo también quiero ser como él.

Es maravilloso tratar de ser como las personas que nos dan un buen ejemplo. Jesús es el mejor ejemplo que siempre hemos tenido. Si podemos ser como Él, ¡realmente seremos algo!

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