Momentos históricos

Cámaras y periodistas. Crónicas y opiniones. Aplausos o silbidos. La gente, por la calle, en casa, en Internet, comenta: «es un momento histórico».

¿Qué queremos decir con eso? Cada uno podrá dar su respuesta. Quizá en el fondo de ese tipo de expresiones, y ante tanto interés, se busca dar realce a lo que está ocurriendo, como si fuese determinante para la vida de la gente. Un día, los libros de historia narrarán lo que ahora vemos con nuestros propios ojos, y hablarán de la importancia de estos acontecimientos que presenciamos casi como protagonistas.

Puede ocurrir, sin embargo, que esto que consideramos ahora como «histórico» y «transcendental» quede en el olvido en unas décadas. Al mismo tiempo, otros hechos más sencillos, sin cámaras, sin opinantes, marcan de un modo mucho más profundo la historia humana.

Si pasamos del plano del tiempo terrestre y nos abrimos al mundo de lo eterno, ¿cuáles son los momentos históricos, los que marcan la vida de una persona? Son esos momentos en los que ama u odia, en los que escoge el bien o el mal, en los que se lanza tras el pecado o acoge una gracia que lleva a la conversión.

A la luz de lo eterno, los momentos realmente históricos son aquellos que deciden el futuro tras la muerte. Se tratará muchas veces de opciones realizadas en la oscuridad, sin reflectores, pero con una transcendencia inimaginable. O se tratará de hechos visibles y documentados, narrados en libros de historia y valorados por mentes más o menos perspicaces, aunque no siempre perciban la relación entre esos hechos y la vida eterna.

En cierto sentido, cada momento de mi vida tiene algo de «histórico». Si me rindo ante el mundo, el demonio, la carne y cometo un pecado, habré dañado mi corazón y el de tantos otros que dependen de mí de maneras no siempre imaginadas. Si acojo la salvación que me ofrece Dios en su Hijo Jesucristo, este momento se convertirá en algo «histórico» porque abrirá mi alma y la de otros al encuentro decisivo y maravilloso que explica y da sentido a toda la existencia humana.

P. Fernando Pascual LC

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