El temor a debilitarse

Las personas que son débiles espiritualmente tienen muchos temores a debilitarse. Se sienten frágiles, y por eso creen que se pueden desgastar y enfermar por cualquier cosa. Pero ese mismo temor los debilita más y los expone a enfermarse. Además, como están pendientes de cualquier dolor, cada vez que comienzan a sentir algo fuera de lugar le dan demasiada importancia y comienzan a echarle la culpa a los demás, al trabajo, a la vida. Eso los lleva a reducir su actividad y sus contactos, a refugiarse en su pequeño mundo, a evitar los esfuerzos o las relaciones humanas más exigentes. Es como si renunciaran a vivir. Pero así las molestias se les hacen más grandes todavía, porque pasan a ser lo único que capta su atención profunda.

Estas personas en realidad están un poco enfermas del alma, y esa enfermedad interior es la causa de muchos otros males que arruinan su existencia.

Cuando sentimos que nos está sucediendo algo así, tenemos que reconocer esa tentación y no dejarnos dominar. Pero además necesitamos buscar la presencia del Todopoderoso, para pedirle que cure ese miedo enfermizo y que nos haga fuertes por dentro. Con su poder podemos enfrentarlo todo, y él puede ser nuestro Salvador también cuando tengamos que enfrentar dificultades. Un problema no podrá terminar con mi vida si yo confío en el amor y en el poder.

Del libro «Un estímulo todos los días», de Monseñor Víctor Manuel Fernández

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