Perdónese a sí mismo

Si ya Dios lo perdonó, ¿por qué no se perdona a sí mismo para que disfrute la vida plenamente?

No obstante hay dos problemas: el primero, que pese al amor incondicional de Dios que nos perdonó, a usted y a mi nos resulta difícil perdonar porque no hemos dejado que Él transforme y renueve nuestro corazón. Contrario a lo que hace Dios, nosotros guardamos rencor y motivos para echarles en cara a los demás sus errores.

El segundo problema es que, pese a que nuestro Padre nos perdonó, nosotros mismos no nos perdonamos y, en reiteradas ocasiones, nos martirizamos por los errores del ayer. Dios nos perdonó, pero nosotros no.

Es tiempo de aligerar el equipaje y dejar en el pasado aquello que, por el perdón que nos prodigó el Señor, ya Dios arrojó a lo profundo del mar y quedó en el pasado.

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