No juzguen a los demás

Cuenta una historia que cuatro personas entraron a un templo a orar y a adorar a Dios. Estaban allí postrados cuando entró otro creyente y se quedó de pie mientras hacía su oración.

Entonces uno de los cuatro dijo indignado:

– A esa persona le falta devoción porque no se postra para hacer sus plegarias.

– ¡Cállate! -le dijo otro- Porque al hablar estás invalidando tu oración.

– ¡Cállate tú también! ¡Porque acabas de hacer lo mismo! -replicó el tercero.

Y el cuarto añadió:

– ¡Gracias a Dios yo no hablé como ustedes y Dios sí va a escuchar mi oración!

Después de leer esta historia conviene meditar en lo importante que es no vivir ocupado en lo que hacen los demás. Por estar tan pendientes de los otros con una curiosidad malsana, muchos yerran con el juicio y la condena: «¿Por qué te fijas en la pajita que tiene tu hermano en el ojo, pero no te das cuenta de la viga que tienes tú en el tuyo?» (Mateo 7:3)

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