El amor ciego

En One Woman’s Liberation, Shirley Boone escribe:

¡Hablemos del amor ciego! Cuando Pat y yo nos casamos estaba tan enamorada que no me encontraba en mis cabales. Pat afirmó en algunas entrevistas que nos habíamos casado bien conscientes de los importantes ajustes que debíamos hacer y de las crisis financieras que íbamos a enfrentar, pero esa era su propia opinión.

En lo que a mí respecta, no era consciente de nada excepto de que era maravilloso y que la vida sin él sería terrible.

Entiendo muy bien cómo María, la reina de Escocia, se debe haber sentido cuando dijo de James Bothwell, su tercer marido: «Yo lo seguiría hasta el fin del mundo en enaguas», pues eso mismo sentía yo por Pat.

Si lo hubiera sugerido, hubiera seguido a Pat hasta Tombuctú sin siquiera pestañear. Era mi vida. Para mí, era perfecto y eso fue el inicio de nuestros problemas porque cualquier persona ubicada en un pináculo solo puede ir en una dirección: hacia abajo.

Shirley y Pat Boone lucharon con sus diferencias para crear un fuerte y duradero matrimonio, pero el principio de su verdadero éxito como pareja vino cuando cada uno reconoció esta verdad esencial: NADIE ES PERFECTO.

Se nos ha criado con la idea del príncipe azul y la cenicienta, y encontramos muchos jóvenes que no han podido establecerse con una pareja, por esa búsqueda del hombre o la mujer perfecta. Vemos cómo hoy en día hay más divorcios, porque nos casamos pensando que todo iba a ser color de rosa, y a la primera prueba tiramos la toalla.

¿Cómo podemos pedir perfección?, si nosotros mismos no somos perfectos.

Cuando comprendamos esta idea tan simple, encontraremos ese amor y tranquilidad en el ser amado.

Nada vence el amor a primera vista, excepto el amor con discernimiento.

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