¿Con quién pasarás las fiestas?

Se acerca la Navidad y las preguntas obligadas comienzan a surgir:

– ¿Con quién vas a pasar las fiestas?
– ¿Qué van a cenar en tu casa?
– ¿Dónde vas a pasar el 24? ¿Y el 25?

Es ahí donde surgen las respuestas también obligadas:

– Con mis padres, mis suegros y unos amigos.
– Pavo.
– El 24 con mis padres y el 25 con mis suegros… ¿o era al revés? Tenemos que definirlo todavía porque mis suegros tienen que ir a lo de Margarita y mis padres quieren ir a lo de mi cuñado pero no saben si van a la cena o al almuerzo, así que está todo en veremos…

Los que estamos casados nos encontramos que tenemos tres opciones: la casa materna, la de la familia política y nuestra propia casa, en familia, con nuestra esposa y los hijos; pero nunca está nada definido hasta pocas horas antes de medianoche del 24. Es aquí donde tenemos que encontrar un equilibrio si es que no podemos reunirnos todos en un mismo lugar.

¿Quién lleva la comida?, ¿Qué regalamos?, ¡Hay que limpiar la casa! Esto agrega expectativa y cierta tensión a medida que se aproxima la fecha.

Pero sin darnos cuenta, con el afán de tener todo bajo control y pasarla lo mejor posible, hay un invitado que, por lo general, queda afuera de todos los planes.

Por mi parte, pienso pasar las fiestas con Jesús. Sí me importa con qué familiar, qué voy a comer y dónde voy a estar; pero para mí, lo más importante es que voy a pasar la Navidad con Aquel que le da sentido a la fecha y le dio sentido a mi vida. Si Jesús no hubiese nacido, la Navidad no existiría. ¿Pensaste en eso? Si Él no hubiese nacido, ¿dónde estaríamos ahora?

La Navidad es más que un árbol, que una pequeño pesebre y una gran cena. Navidad es la conmemoración del nacimiento de Aquel que nació para morir por nuestros pecados y pagar una deuda, para nosotros, imposible de saldar.

En mi familia, como tenemos un nene pequeño, le enseñamos que la Navidad es el cumpleaños de Jesús. y hacemos que Él sea el centro. Desde principios de Diciembre comenzamos a organizar todo, dónde comemos, qué comemos y con quién comemos, pero siempre resaltando que Él sea el eje de nuestra celebración. Al llegar las doce, nos besamos, abrazamos y brindamos porque Él nació.

Te invito a sumarte a esto: Celebrar el cumpleaños de Aquel que nació para morir y resucitó.

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