Simplemente

Aquella mañana, abandonó las sábanas de un salto, se miró en el espejo, sonrió y luego de darse una ducha que disfrutó largamente, leyó una pequeña libreta y la guardó en su morral. Acto seguido, tomó las llaves de su auto y se dispuso a conducir.

Al llegar a aquel lugar, respiró profundamente, se dio unos minutos para observar el entorno, bajó del auto, se sentó en una piedra a orillas del río y lentamente recobró su paz interior. Luego de un rato, sacó del morral la libreta y leyó: «Misión de hoy: ir al río», a continuación escribió: «Cumplido».

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