Decide por ti mismo

Un granjero contrató a un peón y lo destinó a que cortara leña. A media mañana, el granjero fue a ver si había adelantado algo. Para su sorpresa, encontró que toda la madera ya estaba cortada. Le ordenó al hombre que la almacenara, creyendo que esta labor tomaría varias horas, pero al cabo de un rato ya estaba terminada.

Al día siguiente, el granjero, creyendo que debía dejar descansar un poco al hombre, le dijo que separara las papas que había en la bodega.

«Únicamente pon las buenas en un montón, las dudosas en otro, y las malas deséchalas.»

Más o menos una hora después, el granjero observó que no había hecho casi nada el peón. Le pidió una explicación.

«Pues…», dijo nervioso el hombre, «Lo que me está matando es tomar estas decisiones.»

El Señor nos ha dado cabeza para usarla, con objeto de tomar decisiones. También nos dio un Plan de Vida que seguir, con una Iglesia para ayudarnos a desempeñar este plan. Pero Él no nos obliga. Nosotros somos libres de decidir si obedeceremos o no Su ley divina.

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