Hubo un día en que me acosté para soñar

Mi sueño fue el más increíble de cuantos durmientes hubieran podido imaginar. Soñé que podía cambiar el mundo. Y en ese momento, los ladrones devolvieron lo robado, los envidiosos reconocieron el valor, los impuros dulcificaron sus apetitos y cuantos vicios y maldades existían comenzaron a recorrer el camino del bien. Cuando mi sueño se vio cumplido, amaneció.

Al despertar miré por la ventana y vi un sol radiante reflejándose en los viandantes. Con dolor comprobé que mi sueño no había cambiado la vida de los demás; mas cuando el sol inundó mi corazón, me quedé estupefacto al constatar que ya no sentía envidia, ni perseguía la codicia, ni añoraba la pasión sexual; entonces comprendí que mi sueño había comenzado a transformar la realidad.

José Alcázar Godoy

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