¡Qué maravilla de libro!

Un sabio oriental fue contratado por un grupo de misioneros para traducir el Nuevo Testamento al chino. Al principio la tarea de traducción no produjo ningún efecto en el erudito. Pero al cabo de un tiempo, se emocionó.

¡Qué maravilla de libro es éste! -expresó asombrado.

¿Por qué lo dice? -inquirió el misionero.

Porque habla de mí mismo con una precisión magnífica -respondió. Reconoce todo lo que soy por dentro. Quien hizo este libro debe de haberme hecho a mí.

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