El hombre de los helados
El pequeño Carlos estaba haciendo todo lo posible para ahorrar dinero para comprarle un regalo a su madre. Era una lucha terrible, pues cedía fácilmente a la tentación de comprar golosinas al hombre de los helados siempre que la camioneta de colores brillantes llegaba al vecindario.
Una noche, después que su madre lo metió a la cama, lo escuchó orando: “Por favor, Dios, ayúdame a no salir corriendo cuando venga mañana el hombre de los helados.”
Incluso a su temprana edad, este niño había aprendido que una de las mejores formas de vencer la tentación es evitando lo que apela a nuestras debilidades.
Todos los creyentes se sienten tentados a pecar. Sin embargo, no tienen por qué ceder. El Señor proporciona la manera de ser victoriosos sobre las seducciones del mal (1 Corintios 10:13). Pero nosotros debemos hacer nuestra parte. A veces eso implica evitar situaciones que contribuirían a nuestra derrota espiritual.
Si es posible, nunca deberíamos permitirnos estar en los lugares errados ni con personas que nos vayan a tentar a hacer las cosas que deberíamos evitar.
Cerciórate de huir del hombre de los helados.
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