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El cobarde grande

Exprimido en (Limones) por Pepe Barrascout Ortiz el 19-07-2008



Una noche, durante una tormenta, una mamá estaba acostando a su hijito. Estaba a punto de apagar la luz cuando el niño le preguntó con voz temblorosa: “Mami, ¿te puedes quedar conmigo toda la noche?”. La madre le dio un abrazo cálido y tranquilizador y le dijo tiernamente: “No puedo, cariño. Tengo que ir a dormir al cuarto con papá.” Después de una breve pausa, el niño contestó: “¡El cobarde grande!”

Miremos por un momento más allá del humor de esa historia y pensemos en la reacción del niño. Su temerosa súplica era comprensible. Sin embargo, su mamá quería que él aprendiera a confiar en ella incluso cuando no estaba a su lado. Ella lo amaba, pero él no lo entendió, porque no podía ver más allá de sus propios temores.

Esa es la manera como respondemos muchas veces a Dios. Pedimos algo específico, pero Él parece decir: “No, no lo voy a hacer.” En vez de aceptarlo por fe, interpretamos mal su intención: vamos a aprender a vivir en medio de períodos de oscuridad, confiando en su Palabra y no en alguna señal especial. Igual que el apóstol Pablo, debemos darnos cuenta de que estamos seguros en la promesa de su provisión, sin exigir nada más (2 Corintios 12:9).

A medida que crezcamos en nuestra relación con Jesucristo aprenderemos que la mejor respuesta a algunas de nuestras oraciones es su generoso No.

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