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El ‘Shaguar’ de Austin Powers
Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 25-06-2007
Película: Austin Powers in Goldmember
Auto: Jaguar E-Type Mk I

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Película: Austin Powers in Goldmember
Auto: Jaguar E-Type Mk I

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Nos tomaba la lección
siguiendo el orden de lista
y obligaba con la vista
a seguir con atención;
Yo era medio remolón
porque andaba por la “G”
y cien veces me chasqueé
al preguntar de a traición.
Se pasaba todo el día
prometiendo malas notas
y que en vez de la pelota
estudiaran geometría.
Era mujer… ¡qué sabía
de un golazo de boleo!…
por eso es que en el recreo
los muchachos se reían.
Pero una vez se enfermó
y mandaron la suplente
que enseñaba diferente
y hasta de “usted” nos trató;
Y nosotros… ¡qué sé yo!…
sería mejor maestra
pero fieles a la nuestra
declaramos el boicot.
Y cuando vino al grado
después de la enfermedad
nos pusimos a gritar
que casi la desmayamos,
y cuando vio tantas manos
que la querían tocar
de floja se echó a llorar
y nosotros la imitamos.
¡Ah! ¡Pobre maestra mía!
¡Cómo estarás de vieja!
Revisame las orejas
soy un chico todavía.
No sabes con qué alegría
quisiera volverte a ver:
no me vas a conocer
pero entonces te diría:
Yo ocupaba el tercer banco
al lado de la ventana
el que abría las persianas
cuando el sol no daba tanto;
El que se ahogaba de llanto
el día que te dejó,
y que nunca te olvidó
y es por eso que te canto.
Vos sos la dulce canción
de la edad que ya se fue
hoy he venido otra vez
para darte la lección:
Pregúntame de a traición,
maestra del cuarto grado,
que cuanto me has enseñado
lo llevo en el corazón.
Héctor Gagliardi
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He aprendido que no puedo hacer que alguien me quiera, solo convertirme en alguien a quien se pueda querer, el resto depende de los otros.
He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, muchos de ellos no se preocuparán por mi.
He aprendido que se puede requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla.
He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida, no son las cosas que tengo a mi alrededor, sino las personas que están a mi alrededor.
He aprendido que no puedo compararme con lo mejor que hacen los demás, sino con lo mejor que puedo hacer yo.
He aprendido que hay cosas que puedo hacer un un instante y que pueden ocasionar dolor durante toda una vida.
He aprendido que aprender a perdonar requiere mucha práctica.
He aprendido que el dinero es un pésimo indicador del valor de algo o alguien.
He aprendido podemos hacer cualquier cosa, o no hacer nada y tener el mejor de los momentos.
He aprendido que en muchos momentos tengo el derecho de estar enojado, mas no el derecho de ser cruel.
He aprendido que simplemente porque alguien no me ama de la misma manera que yo quisiera, no significa que no me ame a su manera.
He aprendido que la “madurez” tiene mas que ver con las experiencias que he tenido y aquello que he aprendido de ellas, que con el número de años cumplidos.
He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros; a veces tengo que perdonarme a mi mismo.
He aprendido que aunque a veces me sienta solo y abandonado, Dios siempre está conmigo.
He aprendido que dos personas pueden mirar la misma cosa y ver algo totalmente diferente.
“El éxito de la vida no depende del azar, es la suma de modestos triunfos cotidianos”
Arikiev
*** Gracias a mi buena amiga Rossana que me mandó esta linda lectura.
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Una mujer de nombre Mary Ellen, experimentó en cierta ocasión una gran carga. Se sentía turbada que no podía dormir ni comer, arriesgaba su salud física y emocional, estaba a punto de una crisis nerviosa. Sin embargo, pudo reconocer que ella nada podía hacer para cambiar sus circunstancias.
Entonces leyó en una revista la historia de otra mujer llamada Connie, quien también había experimentado grandes dificultades en su vida. En el relato, una amiga le preguntó a Connie, cómo pudo soportar la carga de dichos problemas. Connie respondió: “Llevo mis contrariedades al Señor”.
Su amiga le respondió: “Por supuesto, es lo que debemos hacer.”
Entonces Connie continuó diciendo: “Pero no tan solo debemos llevarlas ante Él. Debemos dejar nuestros problemas con el Señor”.
No solo debemos dejar nuestros problemas con el Señor; no debemos quedarnos con ninguno.
Se cuenta una divertida historia sobre un anciano que juró que nunca viajaría en avión. Sin embargo, cierto día se presentó una emergencia y le fue necesario llegar con urgencia a una ciudad lejana. La vía más rápida de lograrlo era por aire, por supuesto, así que compró el boleto y se embarcó en su primer viaje de avión.
Conociendo su renuencia a viajar, cuando sus parientes lo recibieron en el aeropuerto le preguntaron cómo había estado el vuelo, a lo que el anciano respondió: “Supongo que bien, pero les diré una cosa, en ningún momento deposité todo mi peso sobre el asiento.”
¡El Señor desea que eches todas tus cargas sobre Él y que allí las dejes! Él anhela que también le entregues el peso completo de tus problemas. Entonces, podrás continuar tu vida con la plena confianza de que Él cuidará de aquellas cosas que le has encargado.
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En Japón participé de la conocida “ceremonia del té”. Se entra en un pequeño cuarto, el té es servido y nada más. Sólo que todo es hecho con tanto ritual y protocolo, que una práctica cotidiana se transforma en un momento de comunicación con el Universo.
El maestro del té, Okakusa Kasuko, explica lo que sucede: “La ceremonia es la adoración de lo bello y de lo simple. Todo ese esfuerzo se concentra en la intención de obtener la perfección a través de los gestos imperfectos de la vida cotidiana. Toda su belleza consiste en el respeto con el que es realizada.”
Si un mero encuentro para beber té nos puede transportar hasta Dios, qué se puede decir de las otras oportunidades que acontecen todo el día, y no nos damos cuenta.
Del libro “Maktub”, de Paulo Coelho