La Ventana Rota

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 31-01-2007

Hay una ventana en tu corazón a través de la cual puedes ver a Dios.

Hubo una vez en que esa ventana era transparente.

Tu visión de Dios era clara.

Podías ver a Dios tan vívidamente como podías ver un hermoso valle o una colina.

Entonces, de pronto, la ventana se quebró.

Una piedra rompió la ventana. Una piedra de dolor.

Y de repente ya no fue tan fácil ver a Dios. La vista que había sido tan clara había cambiado.

Estabas confundido. Dios no permitiría que algo como eso ocurriera, ¿verdad?

Aunque no lo veas, Él está tan cerca de ti que ni te imaginas cuán cerca está.

Deja de mirar la ventana rota y comienza a ver quién está más cerca que esa ventana.

Cuando no lo puedas ver, confía en Él. Jesús está más cerca de lo que jamás soñaste.

En el ojo de la tormenta

Del libro “Promesas inspiradoras de Dios”, de Max Lucado y Terri A. Gibbs

Un corazón libre

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 30-01-2007

Un corazón libre es la mejor compañía para un alma en paz.

Un corazón libre es aquel que no se aferra a su propio modo de hacer las cosas, que no se impacienta cuando las cosas no suceden como quiere.

Un corazón libre sabrá seguramente gozar de los consuelos espirituales pero no depende de ellos; y aceptará, al máximo de su capacidad, los problemas que se le presenten en lugar de los consuelos.

Un corazón libre no se ata tanto a planes y modos de orar, como para que cualquier cambio lo turbe y le cause ansiedad.

Un corazón libre no se apega a lo que él puede controlar.

Un corazón libre ruega a Dios que su nombre sea santificado, que venga su reino, que se haga su voluntad así en la tierra como en el cielo.

Porque si el nombre de Dios es santificado, si viene a nosotros su reino, si se hace su voluntad, un espíritu libre no necesita interesarse por ninguna otra cosa.

San Francisco de Sales

¡Vive tu día a plenitud!

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 29-01-2007

Proponte, hoy, objetivos concretos.

No te empeñes en realizar hoy todas las tareas de la semana, ni en resolver los problemas del resto del año. Cada día tiene su afán.

Podrás hacer cosas maravillosas si las programas detalladamente y te dedicas a realizarlas.

Ejercita tu sentido moral haciendo el bien a todos, con amor.

Haz lo que debes cumplir, aunque no te agrade realizarlo. Así fortalecerás tu voluntad de cumplir tus compromisos y te disciplinarás para actuar siempre con toda responsabilidad.

Dios es armonía. Y Él la comunica a quienes ejercitar el amor comprometido con la virtud.

Del libro “366 Maravillosas Motivaciones”, de Tiberio López Fernández

El Atardecer de la Vida

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 28-01-2007

El sol se despedía del Imperio Tré. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida.

- ¿Qué cosa es lo que más te gusta de la vida, anciana?

La viejecilla del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso.

- Los atardeceres ?respondió.

El vasallo preguntó, confundido:

- ¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas de Tré.

Y reafirmándose, exclamó:

- ¿Sabes? Yo prefiero los amaneceres.

La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo:

- Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.

- ¿Cosas? ¿De ti misma? ?inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la viejecilla con aquella frase.

Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la anciana añadió:

- ¡Claro! La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio es precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres… ¡Mira!

La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo del Imperio Tré. El vasallo guardó silencio. Quedó absorto ante tanta belleza.

La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va. De nosotros depende que el sol de nuestra vida, cuando se despida del cielo llamado ?historia?, coloree con hermosas tonalidades su despedida. Colores que sean los recuerdos bonitos que guarden de nosotros nuestros padres, hermanos, amigos o personas que vivieron a nuestro lado, pero principalmente aquellos que han luchado por darnos el alimento, la escuela, la fortaleza y que nos formaron un criterio para no permitir manipulación o influencia de terceras personas que pueda resquebrajar nuestra relación con los que luchan por darnos lo mejor.

Perdóname… por favor

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 27-01-2007

Perdóname, por favor, cuando hago un espectáculo provocado por la mucha duda en mí mismo.

Perdóname, por favor, por mi silencio y por molestarme demasiado por la bulla de otro.

Perdóname, por favor, cuando grito y me quejo, cuando hablo demasiado o cuando airado, maldigo.

Perdóname, por favor, por amar cosas, por chismear y lamentarme porque no somos iguales.

Perdóname, por favor, cuando no te perdono; Dios dice que eso está mal si deseamos vivir bien.

Perdóname, por favor, cuando alardeo; quiero que sepas que se trata de sentimientos de inferioridad.

Perdóname, por favor, por lastimarte: las palabras te roban el gozo y luego destrozan mi corazón.

Perdóname, por favor, cuando me preocupo y hago berrinches de ser humano; no te disgustes.

Perdóname, por favor, cuando actúo como si fuese mejor que tú, porque en realidad es tan solo una actuación y tú lo sabes.

Perdóname, por favor, cuando detesto lo que no soy; sólo ora por mí que eso significará mucho.

Perdóname, por favor, cuando traigo mi pasado y te hago pagar por lo que otro hizo ayer.

Perdóname, por favor, mientras pido tu perdón; porque tú también lo necesitarás si no quieres que tu corazón se endurezca.

Pero sobre todas las cosas, necesito el toque perdonador de Dios y saber que soy Su hijo… eso significa mucho.

Brian G. Jett