Cuaresma - Evangelio 25 feb 08

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 25-02-2008

Evangelio seg�n San Lucas 4,24-30.

Despu�s agreg�: “Les aseguro que ning�n profeta es bien recibido en su tierra.

Yo les aseguro que hab�a muchas viudas en Israel en el tiempo de El�as, cuando durante tres a�os y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azot� a todo el pa�s.

Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado El�as, sino a una viuda de Sarepta, en el pa�s de Sid�n.

Tambi�n hab�a muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naam�n, el sirio”.

Al o�r estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levant�ndose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intenci�n de despe�arlo.

Pero Jes�s, pasando en medio de ellos, continu� su camino.

Cuaresma - Evangelio 24 feb 08

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 24-02-2008

Evangelio seg�n San Juan 4,5-42.

Lleg� a una ciudad de Samar�a llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob hab�a dado a su hijo Jos�.

All� se encuentra el pozo de Jacob. Jes�s, fatigado del camino, se hab�a sentado junto al pozo. Era la hora del mediod�a.

Una mujer de Samar�a fue a sacar agua, y Jes�s le dijo: “Dame de beber”.

Sus disc�pulos hab�an ido a la ciudad a comprar alimentos.

La samaritana le respondi�: “�C�mo! �T�, que eres jud�o, me pides de beber a m�, que soy samaritana?”. Los jud�os, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

Jes�s le respondi�: “Si conocieras el don de Dios y qui�n es el que te dice: ‘Dame de beber’, t� misma se lo hubieras pedido, y �l te habr�a dado agua viva”.

“Se�or, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. �De d�nde sacas esa agua viva?

�Eres acaso m�s grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde �l bebi�, lo mismo que sus hijos y sus animales?”.

Jes�s le respondi�: “El que beba de esta agua tendr� nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le dar�, nunca m�s volver� a tener sed. El agua que yo le dar� se convertir� en �l en manantial que brotar� hasta la Vida eterna”.

“Se�or, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga m�s sed y no necesite venir hasta aqu� a sacarla”. Jes�s le respondi�: “Ve, llama a tu marido y vuelve aqu�”. La mujer respondi�: “No tengo marido”. Jes�s continu�: “Tienes raz�n al decir que no tienes marido,
porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad”.

La mujer le dijo: “Se�or, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta monta�a, y ustedes dicen que es en Jerusal�n donde se debe adorar”. Jes�s le respondi�: “Cr�eme, mujer, llega la hora en que ni en esta monta�a ni en Jerusal�n se adorar� al Padre.

Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvaci�n viene de los jud�os.

Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorar�n al Padre en esp�ritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.

Dios es esp�ritu, y los que lo adoran deben hacerlo en esp�ritu y en verdad”. La mujer le dijo: “Yo s� que el Mes�as, llamado Cristo, debe venir. Cuando �l venga, nos anunciar� todo”. Jes�s le respondi�: “Soy yo, el que habla contigo”. En ese momento llegaron sus disc�pulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le pregunt�: “�Qu� quieres de ella?” o “�Por qu� hablas con ella?”.

La mujer, dejando all� su c�ntaro, corri� a la ciudad y dijo a la gente:

“Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. �No ser� el Mes�as?”. Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro. Mientras tanto, los disc�pulos le insist�an a Jes�s, diciendo: “Come, Maestro”. Pero �l les dijo: “Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen”. Los disc�pulos se preguntaban entre s�: “�Alguien le habr� tra�do de comer?”.

Jes�s les respondi�: “Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envi� y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que a�n faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya est�n madurando para la siega. Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; as� el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegr�a.

Porque en esto se cumple el proverbio: ‘no siembra y otro cosecha’. Yo los envi� a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos”.

Muchos samaritanos de esta ciudad hab�an cre�do en �l por la palabra de la mujer, que atestiguaba: “Me ha dicho todo lo que hice”.

Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jes�s, le rogaban que se quedara con ellos, y �l permaneci� all� dos d�as. Muchos m�s creyeron en �l, a causa de su palabra. Y dec�an a la mujer: “Ya no creemos por lo que t� has dicho; nosotros mismos lo hemos o�do y sabemos que �l es verdaderamente el Salvador del mundo”.

Cuaresma - Evangelio 23 feb 08

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 23-02-2008

Evangelio seg�n San Lucas 15,1-3.11-32.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jes�s para escucharlo.

Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jes�s les dijo entonces esta par�bola:

Jes�s dijo tambi�n: “Un hombre ten�a dos hijos.

El menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de herencia que me corresponde’. Y el padre les reparti� sus bienes.

Pocos d�as despu�s, el hijo menor recogi� todo lo que ten�a y se fue a un pa�s lejano, donde malgast� sus bienes en una vida licenciosa.

Ya hab�a gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel pa�s, y comenz� a sufrir privaciones.

Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa regi�n, que lo envi� a su campo para cuidar cerdos.

El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que com�an los cerdos, pero nadie se las daba.

Entonces recapacit� y dijo: ‘�Cu�ntos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aqu� muri�ndome de hambre!

Ahora mismo ir� a la casa de mi padre y le dir�: Padre, pequ� contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, tr�tame como a uno de tus jornaleros’.

Entonces parti� y volvi� a la casa de su padre. Cuando todav�a estaba lejos, su padre lo vio y se conmovi� profundamente; corri� a su encuentro, lo abraz� y lo bes�.

El joven le dijo: ‘Padre, pequ� contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo’.

Pero el padre dijo a sus servidores: ‘Traigan en seguida la mejor ropa y v�stanlo, p�nganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.

Traigan el ternero engordado y m�tenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’. Y comenz� la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oy� la m�sica y los coros que acompa�aban la danza.

Y llamando a uno de los sirvientes, le pregunt� que significaba eso. El le respondi�: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo’.

El se enoj� y no quiso entrar. Su padre sali� para rogarle que entrara, pero �l le respondi�: ‘Hace tantos a�os que te sirvo sin haber desobedecido jam�s ni una sola de tus �rdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. �Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, despu�s de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para �l el ternero engordado!’.

Pero el padre le dijo: ‘Hijo m�o, t� est�s siempre conmigo, y todo lo m�o es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegr�a, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado’”.

Cuaresma - Evangelio 22 feb 08

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 22-02-2008

Evangelio seg�n San Mateo 16,13-19.

Al llegar a la regi�n de Cesarea de Filipo, Jes�s pregunt� a sus disc�pulos: “�Qu� dice la gente sobre el Hijo del hombre? �Qui�n dicen que es?”.

Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, El�as; y otros, Jerem�as o alguno de los profetas”.

“Y ustedes, les pregunt�, �qui�n dicen que soy?”.

Tomando la palabra, Sim�n Pedro respondi�: “T� eres el Mes�as, el Hijo de Dios vivo”.

Y Jes�s le dijo: “Feliz de ti, Sim�n, hijo de Jon�s, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que est� en el cielo.

Y yo te digo: T� eres Pedro, y sobre esta piedra edificar� mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecer� contra ella.

Yo te dar� las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedar� atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedar� desatado en el cielo”.

Limonada # 57

Exprimido en: (Limonadas) por Pepe Barrascout Ortiz el 22-02-2008

Dejemos el mundo en mejores condiciones de como lo encontramos.
Robert Baden-Powell (Fundador del Movimiento Scout)

Libros