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Limonada # 53
Exprimido en: (Limonadas) por Pepe Barrascout Ortiz el 25-01-2008
El coraje es hacer aquello que nos da miedo.
Del libro “Speculation as a fine art and thoughts on Life”
Visto aqui
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El coraje es hacer aquello que nos da miedo.
Del libro “Speculation as a fine art and thoughts on Life”
Visto aqui
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Es c�lebre la amistad que ligaba a los dos guerreros griegos Pel�pidas y Epaminondas.
Tanto era, que en la batalla de Mantinea unieron sus escudos para poder pelear juntos y ayudarse mutuamente.
Lucharon as� durante alg�n tiempo y estuvieron derrotando a sus enemigos, hasta que Pel�pidas cay� herido y, derramando mucha sangre por las heridas, estaba a punto de morir. Entonces Epaminondas decidi� seguir peleando al lado del cuerpo de Pel�pidas, aunque �l mismo tuviera que morir junto a su amigo, de quien crey� que morir�a en ese lugar.
Epaminondas, tambi�n herido gravemente, permaneci� luchando ah� hasta que llegaron otros compatriotas que rescataron a los dos amigos moribundos.
Desde aquel d�a, esa amistad lleg� a ser proverbial. Despu�s fueron ascendidos a jefes del ej�rcito Tebano, con igual autoridad, y nunca existi� rivalidad ni envidia entre ellos.
La Amistad es un regalo de Dios. Cuando respetamos la verdadera amistad, respetamos uno de los mejores regalos dados por Dios al hombre, y la perla que adorna ese regalo es la lealtad.
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Recuerdo una simp�tica oraci�n que me enviaron en que comparan la amistad a una mercanc�a que podemos ofrecer. La oraci�n dice as�: “Se�or, ay�dame a ser un amigo ‘en oferta’”.
Con esto quiero decir, deja que aquellos que busquen amistad en m�, obtengan m�s de lo que hab�an esperado.
Que lo que me den en amistad, Se�or, siempre lo tenga presente para tratar de darles a�n m�s.
Deja que siempre est�n complacidos con la medida que han recibido de m�. Y recu�rdame que nunca ponga mi pulgar en la balanza cuando peso mi amor ante ellos.
Deja que yo ponga siempre algo extra, un placer inesperado, en las horas que pasan conmigo.
Deja que yo les ofrezca mi mejor servicio y el cr�dito m�s amplio, que mantenga las puertas siempre abiertas; que mis pensamientos y palabras, que son mi mercanc�a, est�n siempre frescos y disponibles; que si mis amigos buscan comprensi�n en m�, no la encuentren agotada; que si buscan compa��a en m�, nunca se encuentren que es de baja calidad; que nunca se encuentren con que mi amistad est� fuera de su presupuesto, o que �sta es todo lo que pueden comprar.
Recu�rdame que nunca los decepcione con falsos anuncios de m� mismo.
Por eso, ay�dame a ser un amigo “en oferta”, por siempre, Se�or.
Y si entonces encuentro que he dado m�s de lo que he recibido en pago, no debe importarme la “quiebra de mi negocio”.
En ocasiones la amistad la condicionamos a lo que recibimos o esperamos recibir, pero esa amistad se vuelve entonces interesada o, como se dice, convenienciera.
Hemos de recordar que cuando damos sin esperar nada a cambio, manifestamos un amor sincero. En el Evangelio, nuestro Se�or Jesucristo nos aconseja no preocuparnos por invitar a quien nos pueda regresar el favor, sino m�s bien “Cuando des un banquete, convida a los pobres, a los cojos y a los ciegos. Y ser�s feliz porque ellos no tienen c�mo retribuirte, sino que ser�s retribuido en la Resurrecci�n de los justos” (Lc 14, 13-14).
Demos m�s de lo que esperan, seamos esos amigos “en oferta”, y adem�s de hacer felices a los dem�s, lo seremos nosotros mismos.
Jos� Mart�nez Col�n
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No busque yo amigos por el campo de batalla de la vida,
sino fuerza en m�.
No anhele yo, con af�n temeroso, ser salvado,
sino esperanza de conquistar, paciente, mi libertad.
�No sea yo tan cobarde, Se�or,
que quiera tu misericordia en mi triunfo,
sino tu mano apretada en mi fracaso!
Rabindranath Tagore
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Aleja de tu vida la tristeza. Retira de tu coraz�n la melancol�a que destruye tus ideales y corrompe tu raz�n de vivir.
Sea cual fuere el motivo de la tristeza, sabe lidiar la situaci�n usando tu fuerza de voluntad y energ�a.
Mira a tu hermano menos afortunado, que teniendo motivos suficientes para entristecerse, todav�a logra sonre�rle a la vida.
T� eres fuerte y valiente. Vamos, sonr�e, pues la vida contin�a y t� mereces la felicidad.
S� consciente de las tareas que tienes que cumplir. Ded�cate a ellas con amor. Trabaja y siente la presencia de Dios, que te da la fuerza que necesitas.
La tristeza no puede y no debe formar parte de tu vida.
Del libro “Momentos a Solas”, de Iran Ibrahim Jacob