Limonada # 37

Exprimido en: (Limonadas) por Pepe Barrascout Ortiz el 27-04-2007

Es gracioso que la tierra nunca se parta en dos y te trague cuando quieres que lo haga.
Xander Harris. Buffy La Cazavampiros

Libros

Agridulce

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 26-04-2007

Dice un viejo refrán: “Ni poco que no alumbre, ni tanto que queme al Santo”.

Lo que hace más intensa y emocionante la vida, es el sabor agridulce que tiene: los momentos de gozo y paz que nos regala, así como los retos, tropiezos y laberintos que a veces nos deparan.

Demasiado dulce, enferma y hastía; mucha agua, ahoga la plantita; las multitudes suelen asfixiar; es necesario a veces experimentar le desierto y la soledad, regalarnos la oportunidad de extrañar, para así aprender a valorar, soñar un poco, anhelar.

El facilismo y la comodidad, atrofian nuestras fuerzas, nos debilitan las alas a la hora de querer más alto volar. Hay quienes se van al otro extremo, les gusta caminar sobre espinas, aislarse del mundo, compadecerse de sí mismos, culparse de todo lo que pasa a su alrededor, sentirse siempre perseguidos o convertirse en perseguidor.

Por algo existen el día y la noche, lo blanco y lo negro, lo mucho y lo poco, lo grande y lo pequeño; para mantener el equilibrio y la diversidad, que todo lo que busques y necesites, en el mundo lo encontrarás. Dios dejó un toque de su perfección en cada ser, cosa o criatura que supo crear.

No te rindas en el intento, mucho menos en cualquier tropiezo; cada nuevo día trae consigo otra oportunidad, hay que guardar siempre la esperanza de lo que vendrá; ponerle sabor a la vida con una pizca de azúcar o de sal, disfrutar de esa sensación agridulce que nos enseña a reír y llorar, a enojarnos de vez en cuando, sentir a veces miedo o soledad; no perder nunca la fe y la paz, que nos mantiene con la mirada en el cielo, sin los pies de la tierra despegar.

La vida es un salpicón de emociones, en la cual se nos permite de todo un poco disfrutar, no nos quedemos estancados, menos cuando sintamos que nada tiene solución, o que todas nuestras metas las hemos logrado; el pasado no volverá, el futuro nadie lo tiene garantizado; lo único seguro es que Dios nos lleva de la mano, de Él venimos y hacia Él vamos; esa es nuestra realidad.

Kary Rojas

Raíces profundas

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 25-04-2007

Tiempo atrás, yo era vecino de un médico, cuyo “hobby” era plantar árboles en el enorme patio de su casa. A veces observaba, desde mi ventana, su esfuerzo por plantar árboles y más árboles, todos los días.

Lo que más llamaba mi atención, entretanto, era el hecho de que él jamás regaba los brotes que plantaba. Noté, después de algún tiempo, que sus árboles estaban demorando mucho en crecer.

Cierto día, resolví entonces aproximarme al médico y le pregunté si él no tenía recelo de que las plantas no creciesen, pues percibía que él nunca las regaba. Fue cuando, con un aire orgulloso, él me describió su fantástica teoría.

Me dijo que, si regase sus plantas, las raíces se acomodarían en la superficie y quedarían siempre esperando por el agua fácil, que venía de encima. Como él no las regaba, los árboles demorarían más para crecer, pero sus raíces tenderían a migrar hacia lo más profundo, en busca del agua y de los variados nutrientes encontrados en las capas más inferiores del suelo.

Así, según él, los árboles tendrían raíces profundas y serían más resistentes a las intemperies. Y agregó que él frecuentemente daba unas palmadas en sus árboles, con un periódico doblado, y que hacía eso para que se mantuviesen siempre despiertas y atentas. Esa fue la única conversación que tuvimos con mi vecino.

Tiempo después fui a vivir a otro país, y nunca más volví a verlo.

Varios años después, al retornar del exterior, fui a dar una mirada a mi antigua residencia. Al aproximarme, noté un bosque que no había antes. ¡¡Mi antiguo vecino, había realizado su sueño!!

Lo curioso es que aquel era un día de un viento muy fuerte y helado, en que los árboles de la calle estaban arqueados, como si no estuviesen resistiendo al rigor del invierno. Entretanto, al aproximarme al patio del médico, noté cómo estaban sólidos sus árboles: prácticamente no se movían, resistiendo estoicamente aquel fuerte viento. “Qué efecto curioso”, pensé.

Las adversidades por las cuales aquellos árboles habían pasado, llevando palmaditas y habiendo sido privados de agua, parecía que los había beneficiado de un modo que el confort y el tratamiento más fácil jamás lo habrían conseguido.

Todas las noches, antes de ir a acostarme, doy siempre una mirada a mis hijos. Observo atentamente sus camas y veo cómo ellos han crecido. Frecuentemente elevo una oración por ellos. En la mayoría de las veces, pido para que sus vidas sean fáciles, para que no sufran las dificultades y agresiones de este mundo…

He pensado, entretanto, que es hora de cambiar mis ruegos.

Ese cambio tiene que ver con el hecho de que es inevitable que los vientos helados y fuertes nos alcancen. Sé que ellos encontrarán innumerables dificultades y que, por tanto, mis deseos de que las dificultades no ocurran, han sido muy ingenuos. Siempre habrá una tempestad en algún momento de nuestras vidas, porque, queramos o no, la vida no es muy fácil.

Al contrario de lo que siempre he hecho, oraré para que mis hijos crezcan con raíces profundas, de tal forma que puedan retirar energía de las mejores fuentes, de las más divinas, que se encuentran siempre en los lugares más difíciles.

Pedimos siempre tener facilidades, pero en verdad lo que necesitamos hacer es pedir para desarrollar raíces fuertes y profundas, de tal modo que cuando las tempestades lleguen y los vientos helados soplen, resistamos bravamente, en vez de que seamos subyugados y barridos por el viento.

La naturaleza nos enseña muchas cosas, si las sabemos ver…

Preocupación produce olvido

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 24-04-2007

La preocupación hace que uno se olvide de quién es el que manda.

Y cuando te enfocas a ti mismo, te preocupas. Te pones ansioso por muchas cosas.

Te preocupas porque tus compañeros de trabajo no te aprecian, tus líderes te hacen trabajar en exceso, tu superintendente no te comprende, o tu congregación no te apoya.

Con el paso del tiempo tu agenda llega a ser más importante que la de Dios.

Estás más preocupado en presentarte a ti mismo que en agradarle a Él.

Y puede que cuando vengas a ver estés dudando del discernimiento de Dios. Dios te ha bendecido con talento. Ha hecho lo mismo con tu prójimo.

Si te preocupas por los talentos de tu prójimo, descuidarás los tuyos. Pero si te preocupas por los tuyos, podrás ser de inspiración para ambos.

Del libro “Promesas inspiradoras de Dios”, de Max Lucado y Terri A. Gibbs

Dos graves errores

Exprimido en: (General) por Pepe Barrascout Ortiz el 23-04-2007

Dos muy graves errores que puede cometer una persona que aspire a realizarse y a lograr algo importante en la vida, y los cuales son las principales razones de fracasos, amarguras, depresiones, relaciones deterioradas y muchas otras calamidades que nos llevan a la tristeza y la desesperanza, son:

1 - El vicio de buscar siempre a quién culpar de todo lo que nos pasa, en lugar de mirar nuestras responsabilidades en el hecho.

2 - La mala costumbre de estar criticando y quejándose de todo, en lugar de buscar el lado positivo de cada experiencia.

Cuando entendamos que nuestras decisiones influyen en las vidas de otros y que de nada sirve buscar un culpable sino buscar la solución, entonces habremos aprendido a convertir éste en un mundo mejor.

Recuerda que señalando culpables, criticando y quejándose ningún problema se soluciona.