La esperanza del cielo
Una señora de más de 80 años de edad estaba en un asilo de ancianos y no se podía levantar de la cama. Cuando recibió la visita de un predicador, ella le hizo la misma pregunta que había hecho a otros predicadores: “¿Por qué estoy aquí así? He sido cristiana por años y siempre he servido a Dios. Fui maestra en la iglesia, cantaba en el coro, y crié a mis hijos en el evangelio. Ahora míreme. ¿Me puede decir por qué estoy aquí así?” Para sorpresa suya, él contestó: “Sí.” “Entonces dígame -le suplicó ella.” Él le tomó la mano y dijo suavemente: “Vejez”.
Conocí a una señora cristiana que también vivía en un asilo, pero aceptaba su vejez. Aunque sentía dolor y estaba débil decía: “En este rincón trabajo para el Señor… y el Señor trabaja en mí.”
El Salmo 71 nos dice que todavía hay trabajo que hacer para Dios, incluso cuando fallan la salud y la fortaleza. “Mas yo esperaré siempre” (v.14). “Mi boca publicará tu justicia” (v.15). “Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas” (v.17).
Y cuando tu obra en la tierra esté hecha, ¿entonces qué? “Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria.” (Salmo 73:24). Cualquiera que sea tu edad, condición o circunstancia, si eres cristiano, la esperanza del cielo es tuya.
A medida que se suman los años, la fidelidad de Dios se multiplica.
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